Héctor Alberto

Tras haber abandonado la Universidad después de haber hecho el propedéutico y el primer año, por razones que no recuerdo, pasado ese año sabático al que no le saqué mucha productividad la verdad, entré en razón y decidí retomarlo y continuar mis estudios para conseguir ese título que me ayudaría a aspirar por un mejor futuro.

Deseosa como estaba por volver, me fui para la FACSO nada más terminar mi jornada de trabajo. Estuve paseando un rato por los alrededores y saludando a mis antiguos compañeros que ya iban un año adelante. Luego pensé que era mejor ir a buscar cual era mi aula para llegar primera y ver las caras que iban llegando a ver si tenía suerte y conocía a alguien a quien apegarme.

Cuando encontré el aula en la que me tocaba estar, mi sorpresa fue encontrar que ya había alguien antes que yo, uno que había sido o más aplicado o más perruño o que pensó igual que yo en analizar el terreno. Estaba sentado con su camisa blanca arremangada y pantalón negro, estaba escribiendo algo en su libreta.

Educadamente entré y para hacer conversación le pregunté si era el aula de segundo (que obviamente ya lo sabía), me dijo que si, volvió a bajar la cara hacia su libreta y es probable que para mis adentros haya pensado "Qué idiota", pero simplemente busqué un sitio ni muy delante ni muy detrás, ni muy a la derecha, ni muy a la izquierda y me senté.

Copiando la actitud agarré mi libreta y empecé a escribir mi nombre, el curso, el año y probablemente hacer algún dibujito y ahora fue él quien decidió dar pie a la conversación.

- "¿Cómo te llamas?" - Preguntó

- "Karen Dávalos" - Respondí, añadiendo - "Pero mi segundo apellido no es Hoyos, por si acaso"

Vi como puso cara de póker, pensó algo para sus adentros y unos segundos después reaccionó y se pegó una carcajada que me contagió y empezamos a reírnos los dos, ya entonces le pregunté su nombre y empezamos a conversar y a conocernos, hablar de nuestros trabajos, de cómo y porqué estábamos en la Universidad y en ese momento nació una de las más bonitas amistades que tuve en mi etapa universitaria.

Héctor se convirtió además en mi protector y cuidador, especialmente cuando eran momentos de fiesta y corría el riesgo de ser presa de algún depredador cuando las garras de la juerga y el alcohol se hacían dueñas de mi.

Por otro lado, me gané algunas enemigas. Siempre andábamos juntos de aquí para allá, todo lo que había que hacer respecto a las clases lo hacíamos juntos y solo si era necesario incluíamos a otros compañeros.

Héctor tenía su "Club de fans" que probablemente mal entendían la relación y pensaban que yo era un bache en el camino que se interponía entre ella(s). Él disfrutaba de esa situación y se reía. Y lo aprovechaba por supuesto, una chica envidiosa y/o celosa aprovecha la situación cuando "gana" una partida.

Se dio la casualidad que ese año conocí en la misma clase a alguien que sería muy importante en mi vida, pero que lamentablemente traía problemillas detrás que fueron en este caso una piedra en el zapato para mi, pero mi Héctor estuvo siempre a mi lado apoyándome, dándome ánimos e incluso en alguna ocasión protegiéndome de personas que quisieron causarme problemas en público. Eso me unió mucho más a él. Se había convertido en mi protector y defensor.

Así durante dos años, pues por cuestiones que tenían que ver con mi vida personal y el "amor" que en ocasiones nos ciega, al finalizar el 3er año de volví a dejar la Universidad, me fui a vivir a otra ciudad y entonces hicimos un stop en nuestra amistad.

Así sin embargo, manteníamos el contacto y las veces cuando iba a mi ciudad nos vimos en alguna ocasión. Pero claro, las cosas no fueron ya nunca igual, cada uno siguió con su vida, él se volvió a casar y vivía sus propias circunstancias, pero el cariño siguió estando presente, al menos para mi, aunque no tengo ninguna duda que también para él porque los recuerdos cuando son bonitos, el cerebro instintivamente los conserva para esos momentos nostálgicos en que quieres un poquito de felicidad, puedas traerlos a tu presente.

Tras haber pasado los años y ya viviendo aquí en España, las maravillosas redes sociales nos hicieron reencontrar. La segunda vez que volví a mi país, reconozco que me porté mal con él y otros dos amigos que quisieron reunirse conmigo. Aunque no fue intencionado, estar poco tiempo en un sitio te priva de hacer todo lo que quisieras y esa vez ellos vinieron a encontrarse conmigo a un sitio al que yo nunca llegué.

Estoy segura que eso le sentó muy mal y se enfadó mucho. Tanto Héctor como los otros dos amigos estaban en toda su razón de añadirme a su lista de gente indeseable, pero no lo hizo y seguimos en contacto aunque más de una vez me lo sacó en cara.

La siguiente vez que viajé ya pude cumplir con él y nos pudimos ver. Estuvo conmigo y otro grupo de personas pasando bonitos momentos y riéndonos con los recuerdos, pero en cambio a causa de algo que pasó posterior a esa reunión (cuando ya estaba yo en España), fui yo la que estuvo muy enfada con él y dejé de hablarle y tentada estuve a borrarlo de mis redes sociales. Sin añadir muchos detalles, a mi parecer me pareció que se había portado muy mal con alguien a quien quiero mucho y creo que me dolió más a mi que a aquella persona.

Bueno, al fin el tiempo sirve para todo, incluso para recapacitar y curar heridas. Así que con el paso de los años asumí que todo sucede por una razón y a menos que hayan verdaderas heridas en la vida de los demás, hay que aprender a entender y perdonar.

Han pasado ya 6 años de la última vez que nos vimos en persona, pero seguimos en contacto, mantenemos un grupo de chat de compañeros de la Universidad de aquella época y esa de alguna manera es el contacto que tenemos y que nos ayuda a no perdernos de vista y por ahora al menos con ilusión esperar el momento de volver a encontrarnos, darnos un abrazo muy apretado y recordarle una vez más que mi segundo apellido no es Hoyos.



Comentarios

Entradas populares de este blog

El inicio de mi proyecto Copywriting

Jaime Bonerges Ibañez Alvear

Mi "pata" Wendy