Valiente, protectora y noble... Así es mi tía Shirley
Podría escribir un libro completo sobre ella, todo lo que pueda decir aquí se va a quedar corto para el homenaje que merece. La palabra noble, se queda corta, los otros dos adjetivos necesitan aún ser escritos con letras mayúsculas, marcadas en negritas y subrayadas.
De las cosas que puedo recordar de mi infancia con mi tía, de las más especiales son esas imágenes borrosas de verme sentada en la clase de la Universidad, cuando alguna vez me llevó y me sentó en una banca con una hoja y un bolígrafo para entretenerme mientras ella recibía su clase.
También tengo algún recuerdo de haber viajado con mi tía y otras primas suyas en autobús, se iban a pasar momentos divertidos de su juventud y aunque no se el motivo, me llevaba a esos viajes y yo me sentía felizota viajando con chicas mayores, casi que me sentía una de ellas, excepto cuando me tocaba quedarme a dormir mientras se iban de fiesta por la noche.
El recuerdo triste fue el día que estando en la oficina de Estudio Rivas ella salía por la puerta para viajar a los Estados Unidos, sabiendo que la intención de ese viaje era quedarse allí.
Me sentí muy triste porque fue justo el año en que cumplía yo quince años y sabía que mi tía querida no iba a estar en mi quinceañera. La veía salir por la puerta despidiéndose de quienes estaban ahí desde una esquina y le pregunté:
- ¿Y de mi no se despide?
Ella me dijo
- Pero es que estás por allá tan lejos, pensé que tu no querías despedirte de mi
Entonces me acerqué para abrazarla, y esa fue el último abrazo que le di hasta muchos años después en que volví a verla.
Cuando mi tía pudo volver a Ecuador, fue un momento de verdadera algarabía. Es normal que cuando alguien vuelve a su país todo el mundo quiere verle, invitarle a algo, pero los motivos de querer estar a su lado eran verdaderos deseos de compartir todo el tiempo que había pasado estando lejos.
Aún estando a la distancia, las veces que podíamos hablar por teléfono en alguna de las llamadas que nos hacía, aprovechaba la ocasión para aconsejarme, para intentar que no cometa errores de adolescencia que podrían afectar mi futuro adulto. Pero a pesar de sus consejos llenos de sabiduría, mi alocada adolescencia me hizo fallar y así y todo mi tía me apoyó moralmente.
La hice mi comadre. No imagino mejor persona a quien entregarle esa valiosa responsabilidad que es ser guía espiritual para mi hijo, así que en uno de sus viajes de vuelta hicimos todos los arreglos para que coincida con el bautizo de Alfredo y poder pasar por la Iglesia y pedir a Dios que nos una en espíritu por su bienestar y que nos ayude en comunión a ser una buena guía para él.
En USA mi tía fue madre de 3 niñas. Una madre ejemplar que con trabajos que los residentes de esa tierra rechazan, ella hizo sin ningún malestar porque sabía que tenía que luchar por sus hijos, darles ejemplo de trabajo y lucha y sacarlos adelante.
Con todos sus esfuerzos, pudo realizar parte del "sueño americano" que es tener su propia casa. Una casa que nunca niega a cada persona que le pide llegar, algunos de paseo, otros en su búsqueda de ese sueño.
Hay algo que no entiendo sobre su forma de ser y es su exceso de tolerancia y vocación de ayuda a los demás. Ha recibido en su casa a innumerables personas, familiares y conocidos, que aún habiendo disfrutado del beneficio de no solo tener un sitio donde quedarse, si no además el trabajo que les ha ayudado a encontrar, se han marchado de su casa demostrando mal agradecimiento. De forma canalla incluso algunos han tenido el valor de ir criticándola y hablando mal de ella. Y a pesar de eso, sigue abriendo las puertas de su casa y su corazón a todo aquel que le pida ayuda.
Todo esto de su parte, solo puede demostrar la grandeza de corazón que posee. Yo creo que no soy una mala persona, pero no me veo volviendo a dar la mano a los perros que la muerden. Pero mi tía no, aunque en ocasiones se lo he dicho, le da igual, es su naturaleza ser una persona buena a pesar de haber recibido todas esas actitudes que no ha merecido.
Una mujer llena de paciencia y amor, cuidó por muchos años a su madre, mi abuelita Tula. A pesar de la demencia senil que aquejaba a su madre, no le faltaba paciencia para cuidarla, sabiendo que no solo era su madre si no que además le había sido un gran apoyo en muchos momentos, creo que por encima del agradecimiento que pudiera tener, solo estaba brindándole todo ese amor y cariño que por naturaleza posee.
Es la mejor compañía que puede tener mi madre. Sabiendo que necesitaría seguir haciendo su vida y con lo difícil que es la situación para una persona adulta en nuestro país, le dijo que se quedara viviendo en su casa y así podría trabajar y durante los años que pueda ir asegurando su futuro económico. Como les digo siempre, son las hermanitas huevo: clara y yema. Como es normal la convivencia en difícil y más cuando las personas tienen caracteres fuertes. Así como en ocasiones tienen las típicas discusiones que el día a día pueden traer, comparten gustos en muchas cosas que ambas disfrutan como por ejemplo salir de compras. En el país del consumismo una de las cosas que más gustan es aprovechar las ofertas y descuentos y este par de señoras lo disfrutan.
Nadie tiene que criticarles que compren lo que quieren siempre que quieran. Son ellas quienes trabajan y ganan su dinero, pueden hacer con él lo que les venga en gana y nadie tiene derecho a juzgarlas o decirles lo que deberían hacer. Pero no solo disfrutan el comprar por comprar, sino siempre buscando el que alguna de las cosas le sea útil a alguien que lo necesite, piensan en esa sobrina, ese hermano, esa tía que va a ser feliz con un pequeño detalle que para ellos puede ser de gran valor en Ecuador.
También les gusta ir al casino a jugar en las máquinas de monedas. No viven apostando ni gastan fortunas, lo hacen para pasar el rato y si lo único que hacen es trabajar y trabajar y no tienen ningún otro gasto o vicio, pues que disfruten de la vida como y cuando quieran, que ya bastante esfuerzo hacen en el día a día. Cuando he estado en su casa de vacaciones y me han llevado al casino, si bien es cierto que no me gusta apostar, lo que si que disfruto a su lado es las abundantes comilonas en los hoteles sobre todo a la hora del desayuno, cuando compartimos no solo comida, si no muchas risas acompañadas de recuerdos.
Hoy en día su hijo mayor es dueño de su propio negocio. De sus 3 hijas, dos son ya profesionales que terminaron sus carreras universitarias con honores por ser de las mejores estudiantes cada una en su respectiva clase. La pequeña, siguiendo la línea de sus hermanas y por supuesto el ejemplo del abnegado trabajo de su madre, se encuentra en el mismo camino en búsqueda de su futuro profesional.
Creo que todos sus esfuerzos los está viendo recompensados. Sus hijos, especialmente las chicas que adoran viajar la han hecho pasar bonitos momentos llevándola a sus paseos. En uno de esos viajes tuve la dicha de tenerla en mi casa, muy poquito tiempo, apenas estuvieron dos días conmigo, así que aproveché para disfrutar todo lo que pudimos haciendo todas las actividades que nos fueron posibles con el poco margen que teníamos.
Fuimos a pasear por mi Valencia querida. Tomamos unas tapas y se tomó varios cafés, que le encantan. Estuvimos en un tablao flamenco viendo un espectáculo de canto y baile sin que haya faltado por supuesto unas cuantas jarritas de sangría.
Al día siguiente sintiendo la nostalgia de compartir con mi gente, preparé para desayunar unos bolones de verde y para que se lleve un buen recuerdo con sabor a Valencia, mi esposo preparó una de las deliciosas paellas valencianas que son su especialidad y pudieron mi tía y sus hijas llevar al país americano del norte, un poquito del sabor de nuestra Valencia en su paladar y espero que en sus corazones.
Pasan los años, y mi tía sigue siendo un apoyo en mi vida. Recibió en su casa a mis dos hijos. Alfredo quien aún vive en su casa y ha hecho su vida y está intentando cumplir su sueño americano y a Javi que estuvo durante 3 meses haciendo un intercambio estudiantil. Aunque los chicos han contado con el cuidado de mi madre, mi tía ha sido parte importante de su guía y protección.
Cada vez que puedo ir a visitar a mi madre a casa de mi tía Shirley, se que voy a pasar un buen tiempo ya no solo por el hecho de viajar y estar con la familia, si no además porque se que cada cosa que he necesitado ha estado ahí para hacer mi tiempo más ameno y fácil. Me lleva a donde necesito y no recuerdo una vez que le haya pedido de ir a un sitio y me haya dicho que no. Esa actitud de atención y cuidado son intrínsecas en mi tía, en su forma de ser, en su forma de tratar, de demostrar su amor y es por ello que la quiero tanto y buscando resumir, me ha llevado 3 días terminar esta redacción como muestra del más humilde de los homenajes a mi querida tía Shirley. ¡La amo tía!









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