Mi comadrita, mi confidente
Han pasado varios días desde mi último post en el blog. Hace ya más de una semana que empezamos un nuevo año llenos de ilusiones, sueños, expectativas, buenos deseos, buenas intenciones y yo en cambio me he desviado de mi foco de atención que es la redacción. ¡Qué falta de seriedad!
Pues no, no estoy incumpliendo mi propia palabra, al revés mi intención con estos escritos es buscar la mejora continua, la perfección y no puedo empezar este año de copywriting menos que con un "tema" en el que sea necesario invertir mucho tiempo y muchos recuerdos y son tantos que todos estos días he intentando pensar cuáles plasmar si no quiero redactar un testamento o saltarme los episodios más importantes compartidos con una de las mujeres que más quiero en este mundo.
Es importante destacar que con ella y por respeto a la intimidad de ambas, va a ser necesario dar saltos muy amplios en varias escenas. Hoy en día mi querida Nancy Maribel Bravo Pico es una respetada profesional del sector de la educación, además de madre de una preciosa niña y tiene un reputación que cuidar por lo cual me reservo el derecho de no contar situaciones comprometedoras o embarazosas.
Conocí a mi comadrita en la Universidad, cuando coincidí con nuestro amigo Jaime que fue quien nos presentó. Es difícil recordar exactamente el momento, pero conectamos a primera vista. Hay personas que son mágicas, que la vida te las regala y Nancy fue uno de esos regalos que la vida me dio. Aunque no fue una amiga de la infancia, puedo considerarla más cercana tanto como una hermana. Fue y es mi confidente de muchos secretos.
En algún momento empezamos a salir. La vida universitaria se presta para la diversión y la farra. Se suma a ese momento, el hecho que recientemente terminaba una relación de varios años y estaba soltera y con ganas de disfrutar la vida.
Algo que nos empezó a unir fueron los "Taxi amigo", con la excusa de llegar juntas nos recogíamos en taxi la una a la otra y así empezó a forjarse nuestra amistad. No importaba la distancia que nos separaba ella vivía al sur, yo al norte y aquello nunca fue barrera para nuestras salidas de fin de semana, en ocasiones empezábamos el jueves y ya no parábamos hasta llegar la madrugada del domingo a nuestras respectivas casas.
Muchas veces incluso después de los "chuchaquis", aprovechábamos los domingos para salir a comer con las familias. La relación que nos unía por medio de Jaime que además era compañero de trabajo, hizo que uniéramos a nuestro clan a otras dos amigas y un amigo más. Éramos los 6, bueno 7 cuando el compa Jaime estuvo en una relación. 8 cuando las amigas traían al galán de turno. Ella y yo siempre solas, con la compañía que nos proporcionara la noche.
Muchos sábados o domingos buscábamos la excusa para reunirnos, comprar unas cuantas "pescuezudas" y algo de comida. La excusa era ver una película o simplemente reunirse para estar juntos y reírnos de las tonterías que se le ocurrían a Jaime, escuchar salsa o el simple hecho de pasar el rato compartiendo risas y recuerdos.
Cuando llegaba la temporada de playa, nos picaban los pies preparándonos para correr el fin de semana a vivir nuestra diversión en las discotecas o cabañas. Era un verdadero placer sentarte a la orilla del océano Pacífico a tomar el sol y que te traigan el plato de arroz con pescado frito y patacones, acompañado como no, de una Pilsener verde para mojar.
Y a la noche a la fiesta. Siempre cuidándonos una a la otra y muchas veces haciendo de "gancho" para acercarnos al chico que nos gustaba. Aunque para decir la verdad, creo que nunca tuvimos que hacerlo porque no nos faltaban los galanes que se acercaban a conocernos o sin acercarse nos mandaban a regalar bebidas o rosas.
Nuestros sitios favoritos eran claves. Los miércoles o jueves eran días de Manantial. Los viernes o sábados me pegaba el super viaje cruzando del norte al sur para ir a Puerto Madero. Alguna que otra vez parábamos en Santé o en la discoteca de moda que tocara en ese momento. En alguna ocasión incluso acompañamos a los compañeros de la Universidad al antro cercano "La picota".
Durante nuestro tiempo juntas, tuvimos intenciones de establecer relaciones con alguno que otro pelafustán que pretendía "atarnos", pero por alguna razón, ninguna de aquellas relaciones prosperaron del todo bien.
Creo que no era el momento, estábamos en una época de pensar "Para que hacer infeliz a uno pudiendo hacer felices a tantos". Es una mala broma, lo se, simplemente las cosas no progresaban o no eran las personas adecuadas, pues de haber sido así todo hubiera fluido y nos hubiéramos apoyado.
De entre tantas historias, hay varias que contar en el "bulín". Creamos un centro de operaciones fiesteras en el departamento de nuestra amiga Paola y hasta hoy no se porqué le llamábamos así al lugar, lo que si tengo claro es que quien puso el nombre fue el todopoderoso de los apodos Boita.
Un recuerdo también inolvidable, fue un día que después de una juerga se me ocurre acompañarla a su casa a las 7am. Al abrir la puerta la esperaba su madre con un cable para caerle a discreción. Intentando suavizar la situación no se me ocurre otra cosa más que intentar tranquilizarla diciendo que veníamos de mi casa. Su respuesta "Usted no me diga nada que es otra sinvergüenza", cual perrito arrepentido salí despacito por la puerta y dejé a mi amiga viviendo su dolor, antes de que me cayera uno a mi.
Nos divertimos mucho, si, pero también nos apoyamos en momentos duros que ambas vivimos porque eso es la amistad, estar siempre en las buenas y en las malas.
Fue testigo del primer encuentro con el amor de mi vida. Cuando llegó al aeropuerto, me acompañó para controlar que no se tratase de un depredador sexual, le vio cara de buena gente y me dio su venia para seguir adelante. Y nos hizo muchas fotos, por si acaso. Cuando él tuvo que irse, estuvo también ahí para consolarme porque quedé hecha pedazos pensando que nunca más lo volvería a ver.
Luego se convirtió en su cómplice y prepararon una visita sorpresa de la cual yo no tenía idea.
Como no podía ser de otra manera, Nancy Maribel fue testigo de nuestro matrimonio civil. Ella estuvo desde el principio a nuestro lado y no podía ser de otra manera, ella tenía que ser una de las personas que ayudara a reconfirmar nuestro amor a través del papel.
Por situaciones personales, Nancy tuvo que residir en España por un tiempo y fue para mi una felicidad indescriptible poder recibir a mi amiga-hermana por unos días en mi casa e ir a visitarla a la suya. Se podría decir que fue un sueño cumplido tener a mi mejor amiga conociendo y compartiendo mi nueva vida, aunque haya sido por unos pocos días.
Las veces que he podido volver a mi amado Guayaquil, lo segundo después de ver a mi familia ha sido reunirme con mi Nancy, mi Jaime y el resto del clan. Son parte de ese grupo de personas importantes en mi vida y me lo demuestran haciendo todo lo posible por estar conmigo tanto como pueden dentro de sus responsabilidades y ocupaciones.
Hoy mi amiga y colega de profesión, la Licenciada en Comunicación Social Nancy Bravo, después de haber tenido que emigrar volvió al país a hacer lo que siempre ha hecho y le ha gustado, trabajar en un área en la que su trabajo es ser parte de la ayuda a los demás. Es madre abnegada de la niña de sus ojos, mi ahijada Paulita, por que como no podía ser de otra manera, me otorgó la responsabilidad y privilegio de ser su madrina y unirnos una vez más en este caso a través de una responsabilidad espiritual.
Cuando dejas tu país, es normal que eches de menos a las personas que fueron parte de tu vida, tu historia y sin duda mi Nancy ha sido una de las que más falta me ha hecho, no solo por los momentos vividos y los recuerdos si no porque nunca más he tenido una amiga tan sincera e incondicional, a quien pudiera abrir mi corazón y contarle todas mis penas y secretos íntimos. Si hay una cosa que tengo clara es que por más personas buenas que pueda encontrar en este mundo, en la vida que tengo por delante, jamás podré llegar a tener el nivel de amistad y confianza que tuve y tengo con mi querida comadrita Nancy.









Comentarios
Publicar un comentario