La Pame y sus pecuecos

Mi propósito para el año nuevo del que ya ha pasado un mes, era escribir un post a diario ¡Ilusa de mi! Aún en la circunstancias en las que me encuentro, nunca pensé que estar "desocupada" implicaría tener tantas ocupaciones y que hay una hermosa vida por vivir fuera de los edificios corporativos que se puede disfrutar a plenitud y en completa felicidad.

La parte buena es que la mente no para de pensar, pensar, pensar hasta abstraer recuerdos y momentos del pasado, los cuales me van a ayudar más que escribir mucho, hacerlo cada vez mejor. Y dado que la idea de este blog es hacerlo sobre gente muy especial, hoy ha sido el turno de mi gordis Pamela.

Se que hoy, con el paso de los años, ha logrado cambiar algunas costumbres, rutinas y hábitos (algunos), pero en nuestro tiempo compartido uno de los recuerdos interesantes, es que la comida que le gustaba preparar y disfrutar en familia y entre amigos, eran "k-chitos con cola".

Ay mi Pame, siempre sonriente y despistada a la vez. Sucede en todo grupo de familia o amigos, cada una de las personas que lo componen tiene aquellas características que le diferencian y definen. Hoy aunque conservamos la amistad a distancia, su rasgo de despiste sigue igual. Cuando en nuestro grupo llevamos un chat vía WhatsApp de unos 200 mensajes, aparece con su super-pregunta:

- ¿Qué pasa, de qué hablan?

En los tiempos de nuestras salidas era igual, pero en vivo, porque vivía en su mundo siendo feliz a su manera, sin que le afecten las tonterías que a otros podrían hacerles cabrear. Creo que esta cualidad, es un precioso don, no cualquiera puede simplemente vivir sin la preocupación de lo que hagan o digan los demás, poniendo por delante la tranquilidad y felicidad propias.

Aunque coincidimos en el tiempo de trabajo en Diners Club,  nuestra bonita amistad fue creada y fortalecida gracias a nuestro querido Jaime y al hecho de haber terminado el último año de Universidad juntos.

Desde siempre ha sido una mujer luchadora y muy trabajadora. A Pamela como nos ha tocado a muchas en nuestros países y sobre todo cuando fuimos de ese grupo que decidió (voluntariamente o no) ser mamá siendo aún jóvenes inexpertas, tuvo que trabajar para sacar a su hijo adelante, para darle una vida despreocupada, de calidad y en las mejores condiciones posibles.

Siempre que salíamos, Pamela no podía dejar de venir con sus vistosos labios rojos, la sonrisa de oreja a oreja y su gusto por la cerveza. Era parte de mi clan, del grupo con el que no necesitábamos un motivo para reunirnos y reírnos de las payasadas de Jaime y las historias de Paola. Si lo viéramos con la piel de papel que la sociedad de hoy lo ve todo, podríamos decir que éramos unas masoquistas, porque disfrutábamos y celebrábamos con risas y más risas el que Jaime nos dijera tonterías, vamos a ser sinceros algo ofensivas en ocasiones, pero siendo él y conociendo su forma de ser, le hacíamos fiesta a todo lo que hacía y decía. Pamela al igual que el resto de nosotras tenía su retahíla de apodos.

Era bueno el que nuestros hijos mayores fueran de la misma edad, pues los llevábamos con nosotras para que se entretengan entre ellos y nos dejen conversar, reír y beber tranquilos. Pero siempre con un ojo puesto sobre los chicos, aunque tuvimos la suerte de tener buenos niños.

Reunirnos para cualquiera que fuera el motivo, era la certeza de que íbamos a pasar momentos que no queríamos que acaben y que a hoy nos han dejado maravillosos recuerdos y palabras que mencionaré, pero no ampliaré la explicación, pues solo entre quienes conocemos su significado, podemos entender el sentido y reírnos una vez más.

Fogón. Los pecuecos. El toldo. Esa gordo esa. La foto con la blusa roja afuera de Puerto Madero. Royalito. El conejito y el ratón comelón.

Los momentos compartidos fueron siempre buenos, pero como en casi todo en la vida, no pueden faltar las situaciones que aparecen el camino, que intentan poner a prueba la amistad. En mi tierra hay un dicho que dice "Coincidencias en Pascuales". Hubo un tiempo en el que coincidió que mi querida Pamela salió con un ex de una prima. Lo cierto es que aunque no era mi problema, ni tenía que aquello que poner a prueba o mi amistad o mi apego familiar, resulté enredada en el asunto y estuvimos raras un tiempo, pero gracias a Dios el cariño fue mayor y aquello finalmente no afectó nuestra relación.

Como no podría ser de otra manera y estando presentes en los momentos más importantes de nuestras vidas durante el tiempo que las compartimos, estuvo conmigo el día de mi matrimonio, compartiendo la que probablemente sería nuestra última fiesta poco antes de que tuviera que coger el avión que me traería a mi nuevo hogar.

Es probable que deba registrar menos recuerdos con Pame, no porque no los tengamos, pues historias habría para completar un libro, si no por que vivimos tantos momentos, situaciones y circunstancias de las que hablamos cuando tenemos la oportunidad de "reunirnos" on-line, que son demasiado nuestros, que son parte de esa intimidad de los amigos que ya no serían lo mismo si otros las conocieran.

Valiente como es, hoy sigue luchando por sus hijos. Sigue viviendo la vida como quiere, haciendo lo que le hace feliz. Continúa siendo sensible y fuerte a la vez para tomar las decisiones que aunque asume pueden estar llenas de riesgos, sabe que quiere ir a por ellas porque que lo hace con toda la intención de triunfar.

Hoy Pame sigue siendo esa bella mujer que se levanta día a día con la intención de luchar un día más por alcanzar sus objetivos personales y profesionales, pero que vuelve a preguntar "¿De qué hablan?", con una sencillez y naturaleza tan suyas, que marcan lo especial que puede ser el saber que aún a la distancia conservamos la amistad y confianza para contarnos nuestras confidencias y secretos, para recordar con risas y nostalgia nuestros apodos y para soñar con el momento de volver de reunirnos en persona una vez más y reírnos hasta que nos duela la panza hablando de los pecuecos.



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