Uno de los Gutiérrez

Tenía 14 años cuando empecé a tener que ganarme el derecho de ir a las fiestas, después de hacer una limpieza profunda a la casa, que era la condición "sine qua non" para poder obtener el permiso. Pero la cosa no terminaba en la limpieza, la segunda condición era que uno de mis primos mayores tenía que hacerse cargo de mi cuidado y protección.

De las primeras fiestas que tuve, fueron a cargo de mi primo mayor Julio Arturo, claro el muchacho perfecto estudiante de la Academia Naval Almirante Illingworth🙄, con una panda de amigos de la cual salió el personaje de esta historia, mi querido Roberto Gutiérrez.

El título de este post habla de los hermanos, pues estaba Ricardo, el hermano pequeño que también era mi amigo, pero con Roberto había más cercanía, más encanto y para que vamos a adornar las cosas, había ese pique de adolescentes que a esa edad, pica con cualquiera 😂

Cuantas fiestas vivimos y compartimos en nuestra adolescencia, no las puedo ni contar. La mayoría de ellas en casa de Julio Arturo, en casa de los amigos de su grupo, las fiestas de su colegio, no se podía faltar a ellas y ahí estaba yo en medio de todos esos cadetes guapísimos vacilando el patín. Otras cuantas en fiestas de barrio, algunas veces caía por el Latin Palace, pero no mucho porque era un niño bien y no un raperillo cualquiera😁.

Pasaron los años y crecimos, cada uno con su vida y sus ocupaciones y la casualidad que no quería alejarme de mi querido amigo, me empujó a trabajar en la empresa en la que trabajaba su esposa y entonces por esa maravillosa coincidencia retomamos el contacto y pudimos compartir juntos algunos almuerzos, unidos a las risas de los recuerdos de adolescencia. 

Tuve la honor de que estuviera presente en mi fiesta de 15 años con su impecable uniforme blanco como un elegante caballero y años después, como parte del pequeño y exclusivo grupo que me acompañó en uno de los momentos más especiales de la vida, mi matrimonio.

Ahora además de nuestras propias ocupaciones y sumado a la distancia, sigo en contacto con mi amigo Roberto y mantenemos ese cariño que no queremos perder, y ya no solo por nostalgia, si no porque hay personas que son verdaderamente importantes y especiales en la vida, de las que uno no quiere alejarse y saber que cuando le vuelvas a ver le abrazarás con cariño y volveremos a recordar a los amigos (algunos que ya se nos fueron), esos momentos de locuras de adolescencia, ponerte al día de cómo te ha ido durante todo el tiempo que no nos hemos visto.

Esos mensajes de WhatsApp con tarjetitas motivacionales que nos enviamos ocasionalmente, son una manera de mantener el contacto y estoy segura que son la excusa perfecta para que cuando volvamos a vernos, sintamos que es un día más en el que quedamos para tomar un cafecito y seguir riendo con los recuerdos.

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